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El culto al santo
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El culto a San Fermín en Pamplona es anterior a la celebración
de los Sanfermines, y su imagen sigue siendo el eje principal
sobre el que gira esta universal fiesta. La tradición cuenta que
el presbítero Honesto llegó a la Pamplona romana enviado por San
Saturnino para evangelizarla y que el senador Firmo se convirtió
al cristianismo. Su hijo Fermín comenzó a predicar a los 17 años
y a los 31 se marchó a predicar a las Galias. En Amiens consiguió
muchas conversiones, fue encarcelado y un 25 de septiembre fue
decapitado.
Según la tradición, San Fermín fue el primer
obispo de Pamplona, aunque su culto no consta documentalmente hasta el
siglo XII, importado de Amiens en cuyas letanías figuraba desde el
siglo VIII. Los martirologios de la siguiente centuria (Wandalberto,
Rábano de Mauro y Usardo) incluyen un santo de ese nombre, mártir de
Amiens conmemorado el 25 de septiembre.
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Tras ser consagrado obispo a los 24 años, San Fermín marchó a
evangelizar la Galia y tras predicar en Agen, Clermont, Angers y Beavois
sufrió martirio en Amiens tras bautizar a más de 3.000 personas.
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La propagación de este relato en el siglo XII pudo contribuir a que
el culto prendiera en la vieja "ciudad" de Pamplona, la
Navarrería. El obispo Pedro de París recogió en Amiens reliquias del
Santo y dispuso que la festividad, que ya se celebraba, tuviera igual
rango que las de los apóstoles (1186). Posteriormente, la celebración
y su octava se extendieron a toda la diócesis (1466). El 10 de octubre
se celebraba otra fiesta en su honor, que en el año 1591 se trasladaría
al 7 de julio para hacerla coincidir con la feria.
Fuente: Gobierno de Navarra

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